Gracias a su autora por dedicarnos su tiempo y compartir esa merienda por videollamada, y por regalarnos a ese Marcelino, un hombre mayor, de campo, sin facilidad para las palabras pero con una gran sensibilidad.
Una novela que no deja indiferente, que se centra en temas como la vejez o la pérdida, pero aborda otra multitud de cuestiones latentes en nuestra sociedad.


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